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OJO CRÍTICO

DE BODAS Y... ¡A LO LOCO!

Como triunfar con brillos, tules y mucho consejo profesional.

28 de mayo de 2018

De todos es sabido que mayo y junio son los meses favoritos para ceremonias de todo tipo; desde comuniones con banquete en mesón jamonero (aunque últimamente se han modernizado y ofrecen como entrada aguacate con langostino de glaciación) a bautizos con pamelón y flor de tela… que ahora, más que ir a cristianar a un bebé normalmente furioso, parece que se va a Ascot a lucir palmito. Los novios que deciden contraer compromisos nivel superior primera no se quedan atrás, y si tienen la suerte de conseguir fecha en la iglesia soñada y, además, la súper chorra de que el tiempo no les dé la sorpresita de una tormenta de las de National Geographic o, incluso, un tornado veraniego, casi siempre eligen mayo o junio para celebrar un bodorrio de lo más lucido. Suelen ser días de ni mucho calor ni mucho frío, buena luz para las fotos en fuentes y monumentos locales y, encima, casi todos los invitados están en pleno curso escolar y no fallan. Además, reconozcamos con la manita sobre el corazón, que por mucho que queramos a los contrayentes, cuando eligen fechas a mediados de julio o incluso agosto, nos acordamos, uno a uno, de todos sus muertos por aquello del calorazo, la mosca de pasillo parroquial y el sudor cayendo a churrete, que nos deja con el maquillaje como Charlie Rivel después de una actuación en Uganda.

Eso sin comentar lo del corte vacacional, los transportes alicatados de viajeros y los hoteles hasta la bandera… que llegas a la boda a codazos y con cara de perro de pelea, el moño deshecho y el tacón metido hacia dentro… Porque, por supuesto, no hay taxis y la iglesia está a 3 kilómetros del hostal costroso donde te quedas y que era el único con una habitación libre. Y corres como un medallista olímpico a eso de las cinco de la tarde y con 40 grados a la sombra; ya que has hecho el esfuerzo, mejor no perderse la entrada de la novia. Vamos, que ni es el momento, ni puñeteras ganas que tenías tú de ir, ni de nada de nada. Seamos claros: en esas fechas, ni apetece ni toca.

Así que… ¡Vivan mayo y junio y sus ceremonias!...

Este mes de mayo pasado hemos tenido hasta English Royal Wedding con un reparto singular y de lujo: el príncipe más golfo de la casa Windsor y una actriz americana, divorciada y de raza diferente… y digo diferente porque parece que a todo el mundo se le pone boquita de culo de pollo si se dice mulata o negra. Y ahora, claro, saltarán los puritanos de la corrección política y el perezón para acusarme de hacer referencia al dichoso tema. Confieso que la razón más poderosa que esgrimo para no morderme la lengua con cursiladas es, exactamente, porque me da la gana y porque ando harta de poder decir blanco, latino u oriental y no poder decir negro. Es que me resulta muy ridículo eso de decir “de color”, porque inmediatamente me sale… “de color… negro”, ya ven ustedes. No entiendo tanto prejuicio y tanto cogérnosla con papel de fumar; entre otras cosas porque ser negro, o lo que se sea, es lo más natural del mundo y ella misma se siente orgullosísima de su origen y lo anuncia bien clarito. Otra cosa es el novio que, como ya le pillaron disfrazado de nazi en una sonada fiesta carnavalesca y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, le han arreado un poquito-bastante-mucho rizando el rizo y el bucle, si nos ponemos. La prensa le ha ido incendiando el fuego de los pelillos con comentarios poco simpaticones hasta que, con los reales eggs hinchaditos, los ha calificado de acosadores, racistas y, de paso, impresentables… Posiblemente tiene toda la razón, pero debe tener en cuenta que esta ha sido una novedad muy moderna y muy exótica en una Royal Family tan poderosa como cerrada. En fin, estos experimentos siempre son arriesgados cuando no peligrosos y, a veces, el consejo de la gaseosa casera sirve mucho para los ensayos.

Pero una vez que el colorido enlace se ha consumado con toda pompa y boato, solo me queda desearles desde aquí lo mejor de lo mejor, esperando que su felicidad dure mucho y se lo pasen pipa (Middleton no… esa es otra).

Desde que me he mudado de casa y un accidente me ha roto el hombro… derecho, por supuesto… miro la tele con amor de compañerito que me entretiene en mi inmovilidad y que me ayuda a no fijarme mucho en las miles de cajas que se han quedado sin colocar por todas partes a la espera de que esto se cure. Y como nunca he sido muy lista para sintonizar aparatos, tengo pocos canales y los que tengo los exprimo tipo smoothie (que es un zumo muy moderno, normalmente de color verde y que suele estar asqueroso, pero que queda muy cool).

Dado el panorama nacional (¿o se dice panorama catalán?... porque no se habla de otra cosa… ¡que coñazo!) me he enganchado a unos programas absurdos y entretenidísimos de trajes de novias que quitan el sentido. Te lo quitan, pero de verdad de la buena, porque no he visto una cosa igual de espantosa… y como todo lo horroroso, al principio choca, pero luego gusta hasta la adicción. Así que aquí ando, con mi cabestrillo verde, que parece un trapo del polvo, y extasiada ante un desfile de llorosas novias norteamericanas probándose unos trajes que, ríanse ustedes del de la mujer de Farruquito. El tipo de novia varía poco de un programa a otro… Sureñas, modosas y monas, que se casan en un club muy chuchi o lo celebran en el granero de su suegro… porque ellas son muy de lo suyo. Ex soldados que han servido en Afganistán y que se empeñan en meter su gloriosa musculatura en un traje sirena con mil metros de tul sintético de ese que da calambre de los serios cuando te lo pruebas. Gordas de 150 kilos y si, digo gordas porque no pienso decir ni gruesas ni creciditas…son gordas de susto que siempre se quejan porque el traje es un poco estrecho mientras tú te preguntas si en su estado no venderan espejos… está claro que si los vendieran, ya se habrían fijado en los dos Navidul que acarrean por brazos y en vez de protestar, se darían con un taburete en los dientes; porque el milagro no es que les quepa el vestido, el milagro es que se casen. No falta casi nunca, la prometida del millonario madurito que busca un modelo con corset semitransparente y cascadas de brillantes, tamaño huevo de codorniz, desparramándose por una falda más propia de un espectáculo de Burlesque que de una boda, ni los grupos de acompañantes aconsejadores que suelen ser rebaños de hermanas, madres, cuñadas, un íntimo gay influencer que cabrea a los dependientes y una amiga cabrona que dice verdades como puños pero que, viendo que la novia llora mucho, decide cerrar la boca y dejar que perpetren la compra de su día más feliz. En fin…un poquito de todo para hacerme más llevadera la recuperación.

Y como en la variedad está el gusto, hay diversos formatos… No quepo en mí de gozo ante semejante despliegue nupcial… Me chifla el de cuatro bodas que compiten para que los contrayentes ganen una luna de miel en una isla que ni saben dónde está ni falta que les hace, la verdad, porque seguro que es de un hotel o algo y el viaje son tres días todo incluido. En otro, la novia debe elegir entre un traje nuevo o reformar el de su madre que acostumbra a emitir grititos histéricos mientras ve como se lo destrozan… y ya, en el summum del delirio, convirtiéndose, sin duda alguna, en the best of the peor, como dice mi querido Paco Clavel…¡tachán!... ¡¡bodas temáticas!!... ¡¡Espectacular!!...A manos de un diseñador con corbata indescriptible, las víctimas se casan disfrazados y lloran en un escenario de casino de Las Vegas que da como repelús y gusto al mismo tiempo… No hay donde reposar la mirada, háganme caso.

Así que visto lo visto y lo que seguiré viendo entre los vapores de los anti inflamatorios, la multicultural Royal Wedding me parece de una sobriedad digna de una celebración conventual.

Pero si tengo que elegir, sin duda me quedo con los brillos y los tules y las bodas en los graneros con el traje de tu madre. Que será lo que sea, pero seguro que es mucho más divertido…

Porque, al final, de eso se trata, de divertirse… que lo otro nunca sabe uno lo que va a durar.

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Publicado por: MÓNICA OCHOA

28|05|2018.

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BODAS, REFLEXIONES, FOTOGRAFÍA, MODA, INVITADA PERFECTA, EL OJO CRÍTICO, EL BLOG DE MÓNICA OCHOA, THE FASHION ROUTE MAGAZINE, TFR MODA.

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