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OJO CRÍTICO

TERRAZAS, MEDUSAS Y GOZOS ESTIVALES

1 de agosto de 2018

Ya estamos en pleno verano y, en agosto, quien más y quien menos hace una escapadita; unos días robados para pisar la playa, un fin de semana de visita al pueblo familiar o un domingo perdido para chapotear con ilusión en las piscinas urbanitas. No hay frustración mientras hay ocio y cada uno lo administra a su manera; ya sea cual rana sobre un nenúfar o retozando en paraísos encantados de aguas transparentes y cenas a la luz de exóticas antorchas.

El verano nos impulsa al movimiento. Abandonamos nuestras casas y salimos pitando, atestando coches de maletas y niños, corriendo por estaciones con los billetes en la mano mientras arrastramos trolleys de tonelaje mítico o desnudándonos en los escáneres de los aeropuertos con cara de resignación cristiana. Todo se resume en ganas de llegar cuanto antes a nuestro destino y chutar el equipaje con desdén para tirarnos a la bartola intentando condensar, en treinta días, el recreo y el descanso que se nos escurren durante el resto del año.

La gente normal, cuando anda de vacaciones, relaja sin complejos algunas costumbres y tiende a no agobiarse con formalidades de vestuario; cosa mucho más que comprensible si no fuera porque, en ocasiones, es fácil que se nos salga el ojo de la órbita con tanta distensión protocolaria. Abundan por las costas prendas imposibles en cuerpos inviables…pantalones piratas de mil bolsillos, asomando culos en caída irreversible y camisetas de tirantes que dejan ver pechazos con pelos de sustito; bodies ajustados tipo preservativo cubriendo, con gran esfuerzo, cuatro niveles de lorza e impensables sandalias que muestran, lloriqueantes, pies de yanomami amazónico. Eso sin hablar de esos zuecos plasticosos que se asemejan, horrendamente, a la máscara del asesino de Viernes 13 y que imagino yo como una gran incubadora de todo tipo de hongos variados. Bolsitos cruzados ellos y Guccis o Louis Vuitton de palo, comprados a los nigerianos en las esquinas, ellas…¡Puritito glamour!... Pero es que en verano todo vale y, a golpe de sangría de brik y risotadas estentóreas en la terracita nocturna, mientras dejamos a los chavales correteantes hundirle la noche al resto de los sufridos clientes, olvidamos elegancias y nos dedicamos al chiste gordo, a las voces con volumen modo mitin de C.C.O.O. y, claro, a los planes para hacer algo al día siguiente que no sea vararse cual ballenato en la orilla del mar que, con tanta visita, más que orilla es casi ya un santuario de Greenpeace.

Pero no todo va a ser gritos, pantaloncitos pirata y camisetas de tirantes de jugador de baloncesto internacional. ¡Un respiro, por favor! Si uno se fija un poco, descubre que por estos mismos predios también pulula una especie de veraneante así como más high level; esa que no da gritos en las terrazas, ni pasea a la patulea a las tres de la mañana (de eso se ocupa la filipina, que para eso viene, o en su defecto la ecuatoriana, que no es tan posh pero hace el mismo servicio). En esta favorecedora categoría, ellas son fácilmente identificables en la playa, donde se dejan ver diariamente ataviadas con kaftanes marroquíes o pareos con reminiscencias orientales… todo muy, muy Ethnic Fashion. Delgadeces estupendas y morenos que ya vienen desde antes de que ni siquiera empezara la estación. Y es que una señora, ya viene con todo hecho de casa…¡hombre!... y aunque algunas mañanas es posible que aparezcan escondidas bajo grandes sombreros de paja tipo Costa Azúl y gafas panorámicas con patilla grabada en dorado para paliar la juerga de la noche anterior, todo se perdona porque para eso es veranito y a todos se nos va la mano con los amigos y acabamos babeando la almohada ya de amanecida.

Mientras suben un tono de marrón más el enjuto cuerpo tirado en la hamaca, abren de vez en cuando un ojo, adornado con bolsa de whisky nocturno, y supervisan a la mucama correteante tras una ristra de niños, con nombre medieval unos o de comuna hippy otros… ¡Eso sí que es paz de la buena! Y entre factores de protección, sombreros al vuelo y mocosos de extraño nombre en el redil, relajan oído escuchando los runrunes de sus maridos en plena caza del amigo escurridizo con barco o pertenencia a campo de golf, para hacer planazos de capitalino en pleno relax estival. Y es que los habitantes-macho de nivel de las grandes ciudades, cuando bajan a la costa, se saludan con golpetazos en las espaldas y expresiones malsonantes, cual alegre muchachada preparada para rellenar de algo tanto ocio veraniego…que esto de las vacaciones es muy descansado, la verdad, pero que, reconozcámoslo, es un re coñazo sideral; más que nada porque, acostumbrados a los despachos de rascacielos con mucho acero y mucho cristal, las comidas de negocios y las reuniones hasta última hora tipo Wall Street (pero sin Wall y sin Street…aunque ellos no lo saben) la filipina-ecuatoriana, los niños (“Uy ¿todos esos son míos?”) y la muy amada esposa con sus amigas de urba, resultan de todo menos apetecibles.

Toda vacación empieza con buenas intenciones, pero no siempre las cosas son como se esperan. Ni siquiera son como eran hace tiempo. Ahora que andamos más estrechitos, tanta cena y tanto plan nos va disolviendo el bolsillo e incluso, ellos, los posh del veranito, notan como menguan los dineretes con tanto quedar bien para que se les invite a ese barco que nunca aparece … “Uy…no sé qué le pasa pero el motor está fatal y lo están arreglando”… ¡¡Vayaaaa…qué faenón!! Y claro, el implorante se remordisquea los carrillos pensando…“Siii cabronazo pero mientras, tú deglutiendo solomillazos y langostinos que he pagado yo… y ya han caído tres cenas para subirnos y aquí seguimos, so gorrón”…. Así que, si a mediados de mes, se tuercen los planes, la muchacha se despide, porque andamos de mal humor, los niños se embrutecen de tanto oírnos gritar y los maridos perseguidores de planes de barco o golf ni están ni se les espera, es posible que con kaftan marroquí y todo, se acabe en la terraza nocturna haciendo coro con los del brik y sus becerros aulladores, porque no hay ya más ganas de urba ni de más pamplinas que cuestan un ojo de la cara.

Pero no todo está perdido; porque no habrá un algo muy chuchi, pero lo que si va a haber es un increíble ahorro en salidas nocturnas, peluquerías y maquillajes. Y así, con pelujos de medusa aplastufada en la orilla, este verano se consolida como el de la unión de los dos mundos. Y entre ciclotimias variadas por carecer de planes interesantes, a golpe de vino con Casera, siempre queda entonar un Paquito el Chocolatero con la nueva pandi de extraradio (…¡por Dios, que no me vean!...) mientras se aporrea el móvil para poner al día al abogado amiguete con intención de que organice un poco el orden familiar. Así, a la vuelta, lo mismo se consigue que el desaparecido se volatilice de verdad de la buena y pase una pensión que no va a olvidar en su vida…como no va a olvidar este mesecito de hacer el bobo y que, al final, le va a costar lo impensable.

Es veranooooo, no nos olvidemos y las cosas, a veces, se revuelven… pero, por sistema, casi siempre se disculpan.

Sin embargo va a ser que este año no estamos muy de perdonar…que me lo veo…que en otoño toca abogado y ¡¡es que este se va a cagar!! .Y, sobre todo, que vuelva el servicio, por favooooor…que al final, de verdad, ya es lo único que importa.

Y los niños al colegio…porfi, porfi, porfi...y que empiece antes…

…“Jesusito de mi vida que eres niño como yo”...

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Publicado por: MÓNICA OCHOA

01|08|2018.

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TERRAZAS, MEDUSAS Y GOZOS ESTIVALES, REFLEXIONES, VACACIONES, PLAYA, RELAX, VERANEO, ESCAPADAS VERANIEGAS, EL OJO CRÍTICO, EL BLOG DE MÓNICA OCHOA, THE FASHION ROUTE MAGAZINE, TFR MODA.

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