Arzábal vuelve a mover ficha. Y no lo hace con fuegos artificiales ni concesiones pasajeras, sino con esa elegancia castiza , que le ha convertido en uno de los nombres imprescindibles del circuito gastronómico madrileño. Su nueva carta no busca epatar: seduce desde la memoria, desde el producto.
En esta última revisión, el grupo reafirma su ADN: cocina reconocible, respeto absoluto por la temporalidad y una mirada contemporánea que no traiciona el recetario clásico. Porque si algo tiene claro Arzábal es que la modernidad no está en inventar, sino en saber interpretar.
Clásicos reimaginados, técnica sin estridencias
Entre las incorporaciones más destacadas aparece el paté en croûte con encurtidos, un ejercicio de técnica y contención. La masa, dorada y crujiente, envuelve un relleno equilibrado donde cada matiz está medido; los encurtidos, lejos de ser un mero acompañamiento, tensan el conjunto y lo elevan. Francia pasa por Madrid, pero con acento propio.
Le sigue el mejillón bouchot en cocotte con salsa picante de tomates, donde la tradición francesa se funde con un punto de descaro. El molusco —carnoso, limpio, impecable— encuentra en la salsa un aliado vibrante que potencia sin eclipsar. Un plato que habla de técnica, pero también de instinto.
Más hedonista resulta la combinación de langostinos y vieiras con cogollos a la brasa: mar y fuego en diálogo directo. El ahumado sutil de la brasa acaricia el dulzor del marisco, componiendo un bocado elegante, de esos que no necesitan artificio para conquistar.
Una experiencia que va más allá del plato
Arzábal no solo se come, se vive. Y hacerlo con las vistas abiertas al Santiago Bernabéu añade ese punto escénico que convierte la comida en experiencia. Aquí, el producto premium se despliega sin complejos, pero también sin rigidez.
En mesa, el recorrido puede empezar con una mortadela de Bolonia Negrini, untuosidad italiana . Ensaladilla rusa con ventresca de bonitopura, seguida de una gilda de atún y anchoa que, lejos de lo anecdótico, roza la perfección en equilibrio y mordiente. El bikini de cecina y Comté —con extra de trufa— es directamente adictivo: ahumado elegante, grasa bien integrada y ese punto lácteo que redondea el conjunto. Para los amantes del recetario castizo, la oreja crujiente con salsa brava es un imprescindible: exterior impecablemente crocante, interior meloso. Técnica y memoria popular en estado puro.
En el capítulo de cuchara, las patatas a la importancia con cigalitas reivindican el guiso bien hecho, profundo y sabroso, mientras que los dados de rape fritos con salsa spicy y mahonesa de lima demuestran que la fritura también puede ser refinada cuando se ejecuta con precisión.
El cierre, como debe ser, lo pone la carne: lomo de vaca rubia gallega con 45 días de maduración, servido en su punto justo, con esa intensidad y textura que solo da el tiempo bien entendido.
Tradición que evoluciona
Arzábal no reinventa la rueda, pero la hace girar mejor que muchos. Esta nueva carta es la confirmación de una madurez gastronómica que apuesta por el producto, la técnica y el placer sin artificios. Una cocina que no necesita levantar la voz para hacerse escuchar.
Madrid, una vez más, sabe a Arzábal. Y sigue sabiendo muy bien.
Arrabal Bernabeu
Calle de Rafael Salgado, Bernabeu Puerta 28, Madrid.
Tlf. 919550288
Ticket Medio:40-50€