Silencio absoluto en la sala.
Una respiración, los latidos de un corazón, una mujer comienza a atravesar la pasarela. Lleva un vestido de noche realizado en un tejido que resuena al caminar.
Así comienza una historia de superación: 110 decibelios, una colección que nace de la introspección, de la sensación de calma acústica que Baro Lucas siente cuando trabaja.
Ajeno al ruido exterior, Baro crea, disfruta y vive su propia experiencia sensorial, porque para él el silencio no es una ausencia sino otra forma de percibir el mundo. Algo como lo que el diseñador imagina que habría sentido una de las musas que le han inspirado en esta ocasión: la bailaora sorda Antoñita La Singla (1948, Barcelona), tildada como una de las mejores bailaoras de flamenco de la Historia. “Me pareció súper emocionante el paralelismo entre La Singla y yo y poder imaginar cómo ella era capaz de interpretar el sonido a través del baile. Antoñita marcaba el ritmo fijándose en las palmas y en el compás de la guitarra. Aprendió a bailar sin escuchar la música”, asegura Baro Lucas.
Aquí son las piezas de esta propuesta para mujer y hombre las que cobran volumen con cada pliegue, relieve o color como una metáfora de la emoción y la expresión, como una relación entre el ruido y el silencio, entre la intensidad y la sutileza, creando una narrativa visual que conecta ambos extremos del espectro sonoro.
En esta experiencia en pasarela, el sonido, además de oírse, pretende sentirse. La vibración atraviesa el cuerpo y se convierte en ritmo, en textura, en movimiento. La paleta de color fluye entre la potencia del rojo cereza, el granate, el gris oscuro y el negro y la sutileza del rosa palo, el béis y el marfil. Los tejidos que destacan incluyen lana fría, paño natural, punto, el crepé, terciopelo, tafetán y telas de sastrería inglesa como el Príncipe de Gales.
110 dB es la materialización de la vibración: los tejidos palpitan, las siluetas, ondulan; los colores laten.
Sentir sin oír.