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PRESENCIA DIEZ
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OJO CRÍTICO

Foto: Pixabay.com

INFLUENCERS Y YOUTUBERS

La profesión del siglo XXI o el gran negocio del postureo.

01 de septiembre de 2019 | Daniel Fez

ECasi podríamos “afirmar” de una forma categórica, que paralelamente al inicio de las redes sociales surgió un universo de chicos y chicas interesados en la moda que aprovechó hábilmente este boom de oportunidades que daban las plataformas digitales para crearse un blog, donde de una forma continua y estratégicamente estudiada, subían el día a día de sus hábitos de vida y por ende y al tratarse de moda, de sus outfits preferidos. En ocasiones, esto no solo consistió en hacer una “exposición pública” de su propia persona, de sus cualidades como comunicador o comunicadora y de la capacidad de influenciar a través de sus imágenes y sus comentarios al resto de los fieles seguidores. Incidía también en insistir una y otra vez sobre la necesidad de seguir fielmente esas entregas por “fascículos” con el fin de aconsejar y ayudar a la hora de tomar decisiones trascendentales como “que me pongo” o “que maquillaje me favorece más” sin darnos cuenta que estábamos siendo participes de un auténtico negocio.

Es más, las acertadas y “documentadas” valoraciones que se solían realizar sobre aspectos relacionados con el universo de la moda, de las tendencias o del “se lleva” o “no se lleva” hicieron emerger cual espuma de mar, una nueva estrategia de marketing online que generó un tremendo impulso para las marcas, generando un gran poder de persuasión sobre las decisiones de compra de sus seguidores, lo que viene a ser la gran revolución del S. XXI o a llamarse negocio, puro negocio.

Si ánimo de ser crítico sino al contrario, de poder construir nuestra propia opinión sobre la incidencia real en el mercado, he de deciros que todo esto casi murió, ya que gracias a este empuje mediático muchos y muchas decidieron “¿para qué escribir?” si una imagen vale más que mil palabras, dando así la entrada a lo que hoy conocemos como instagramers o youtubers. Porque si, la mayoría de la audiencia preferimos ver fotos bonitas o videos molones antes que leer parrafadas interminables como estas que os meto yo en mis artículos, pero como no me considero ni blogguero, ni influncer, ni trilero, ni nada que se le parezca, solo quiero que analicemos juntos/as esta gran farsa y el lado más oscuro que rodea a este millonario negocio del postureo.

Hoy por hoy y os lo digo yo que soy bastante “antiguo” la originalidad se ha perdido. Lo que en un principio resultaba atractivo para los lectores o visualizadores y comercialmente beneficioso para las marcas, ha derivado en un puro negocio. No para las firmas, que legítimamente intentan promocionar sus artículos en esa nueva forma de mercado que son las plataformas online, sino para un descontrolado batallón de merodeadores/as de las redes sociales que autodenominándose, blogguers, influencers, youtubers, instagramers, buscan casi “de inmediato” un beneficio económico a sus veleidades y egocentrismos personales, careciendo por completo de originalidad a la hora de promocionar tanto sus “vidas” como sus “obras. Cierto es que muy habitualmente en mis artículos recurro a ella, pero tal y como decía Diana Vreeland. “No tienes que darle a la gente lo que cree que quiere, tienes que darle lo que aún no saben que desean” por lo que es necesario investigar, indagar, estudiar, ser original y en definitiva ser un autntico profesional de lo que se publicita y de esto ya va quedando muy muy poco.

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Aun así, las cifras que manejamos hoy día son de autentico vértigo. Lo que pude denominarse como la profesión del S.XXI y que llegó para reinventar el mercado de la publicidad, es capaz de mover actualmente a más de 20 millones de personas en todo el mundo. Nuestro país no podía ser menos y solo en 2018 se invirtieron más de 35 millones de euros en campañas con influencers, 4 veces más de lo que se había invertido el año anterior y sin apenas llegar a recuperar la mitad de lo invertido. Lo que viene a ser un autentico fiasco. Pero como normalmente suele ocurrir en estos casos, hasta que el lobo no nos pega el bocado aquí no nos damos ni cuenta y las previsiones para este año en nuestro país al parecer van a superar la friolera de 100 millones de euros en este tipo de publicidad.

Lógicamente y con esta desbocada expansión, van llegando las sospechas de fraude y las empresas cada vez demandan mayor credibilidad a los profesionales que no cometan “irregularidades” por lo que paralelamente, han surgido herramientas de análisis que son la oportunidad perfecta para entrar a fondo en las falsedades de este sector y desenmascarar cuántos de estos/as influencers son capaces de pasar la prueba del algodón en sus redes sociales. Internet está repleto de páginas webs donde poder comprar seguidores, likes, comentarios, etc etc con el fin de engordar la influencia de estos falsos vendedores de humo y paralelamente la sociedad está cansada de tanta publicidad en muchas ocasiones “engañosa” y en la que de una forma demasiado materialista se distorsiona la vida real. Se publicitan no solo prendas inaccesibles para el gran mercado, sino una imagen irreal a golpe de filtro y de retoque de dudosa profesionalidad que pueden arrastrar al público a males mayores diría yo, por no nombrar la incitación hacia patologías más graves.

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A diario, vivimos ejemplos como los del hotel Irlandés que vetaba a los influencers después de que una youtuber demandara “cinco noches gratis” a cambio de publicidad. O la de aquel tuitero que esperaba comer gratis en DiverXo (el restaurante de David Muñoz) y así recomendar el establecimiento, aún a sabiendas de que es acreedor de tres estrellas Michelin. Esto en mi tierra se llamaría tener mucha cara y poca originalidad. Pero ya el remate del tomate y el ejemplo más “sintomático” de lo que está ocurriendo hoy por hoy, lo tenemos en Arii. Esa joven influencer estadounidense que con tan solo 18 años y atesorando más de dos millones y medio de seguidores en instagram, decidió (otra visionaria) lanzar su propia línea de ropa. Porque eso sí, aquí “todos valemos para todo” y lo que parecía el negocio del siglo se convirtió en una pesadilla para esta joven que no consiguió vender ni 36 míseras camisetas, el mínimo que se le exigía para encargar los pedidos. Pero no pasa nada, esto no es ni más ni menos que uno de los miles de ejemplos que hay de “intrusismo efímero” en terrenos desconocidos y en los que nos creemos que por pasearnos por delante de un escaparate de Zara ya somos estilistas, diseñadores, creativos, influencers, blogguers, youtubers… y así un largo etcétera de “mamarracherismos” varios en los que se pretende ganar dinero a golpe de “o me invitas, o me regalas, o… te hundo el negocio en las redes”. A cavar en una zanja los ponía yo a todos o a casi todos, porque por suerte y aunque pocos, haberlos y haberlas los/as hay muy profesionales y necesarios para el impulso de las marcas.

En definitiva, estamos viviendo una época en la que se tergiversa el concepto inicial que resultaba productivo, para dar lugar a que cuatro de cada cinco potenciales consumidores confíen más en usuarios anónimos que en esta plaga de “falsos influencers”, que comportándose como autenticas celebrities, promocionan firmas que no concuerdan con sus propios estilos de vida y valores, lo cual provoca una pérdida total de credibilidad. Digamos que este “modelo” se está quedando obsoleto y que aunque la burbuja de un nuevo narcisismo indocumentado sigua creciendo, las reglas para el mercado y para las empresas han cambiado. Y como dije casi al principio y sin querer parecer el ojo crítico de esta revolución empresarial online del siglo XXI, solo me queda darte un consejo; documéntate, fórmate, investiga, estudia y sobre todo y más importante “se ORIGINAL”.

DANIEL FEZ

Publicado por:DANIEL FEZ

01|09|2019.

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INFLUENCERS, YOUTUBERS, POSTUREO, MODA, PUBLICIDAD, NEGOCIO, MARKETING, EL OJO CRÍTICO, DANIEL FEZ, THE FASHION ROUTE MAGAZINE, TFR MODA.